La palabra perdonar se compone de per –pasar, cruzar, adelante- y donare –dar, regalo-. El perdón verdadero es la ceniza de la ira extinguida. Se perdona de verdad cuando ya no se siente rencor. Así. el perdón es uno de las actitudes más importantes y valiosas de nuestra vida. El odio y el resentimiento hacia los demás, son causas de dolor. Imaginemos por un momento que todos perdonáramos a todos los que nos han hecho daño en alguna ocasión. Sería el final de mucho dolor, conflictos, guerras, injusticias, separaciones y resentimientos en el mundo.

El perdón es una fuerza liberadora. Con el perdón dejo de sentir ira e indignación interior. Es un acto íntimo que nos permite reconciliarnos con el pasado y dejar de sufrir. En cambio, para los que no olvidan, el pasado está presente y el dolor de ayer, convertido hoy en rencor, continúa devorándoles. Con la acción de no perdonar y recordar, esas personas están continuamente reviviendo una experiencia de dolor que les sume en infelicidad y malestar. No perdonar causa frustración y daño permanente. Odiar bloquea, entorpece nuestros pensamientos y envenena la vida. Las personas con capacidad de perdonar gozan de mejor salud, padecen menor ansiedad y se deprimen menos.

¿Por qué debemos perdonar y cómo hacerlo?

El psicólogo norteamericano, Robert Enright, afirma que las personas que han sido profunda e injustamente heridas, pueden sanar emocionalmente perdonando a su ofensor. También el fraile dominico Henri Lacordaire dijo: «Quieres ser feliz un instante? Véngate. “Quieres ser feliz toda la vida? Perdona».

El perdón permite liberarnos para seguir adelante más ligero. Expuesto de manera metafórica: “Puedes recordar el frío del invierno, pero ya no tiemblas porque ha llegado la primavera”.

El perdón es bueno para nosotros: quiero dejar de sufrir y sólo puedo hacerlo si, dejando atrás el resentimiento, perdono y olvido.

Existe un proceso para perdonar. Perdonar no es sólo fingir que nada ha ocurrido, disimular o negar lo que nos ha dañado. Perdonar es dejar de lado pensamientos negativos sobre lo ocurrido y que teniéndolos presentes nos provocan dolor hoy por algo que ocurrió ayer.Para perdonar lo primero es reconocer el daño que hemos sufrido. Después, dejar que las emociones vinculadas con el mismo fluyan hasta disiparse: nos sentimos engañados, ofendidos, heridos o maltratados y sentimos dolor, ira, decepción. Por eso, hay que identificar la fuente de la herida, lo que sentimos y por qué lo sentimos. Dejar que nuestro dolor se cure expresando lo que nos ha hecho daño.

Sin embargo, lo fundamental de este proceso es la disposición a perdonar. Perdonar es en realidad una decisión egoísta. Si nos cuesta encontrar motivos más espirituales, podemos decidir perdonar porque serenará nuestra mente y nos ayudará a recobrar nuestra alegría. Perdonar es la puerta que nos libera de emociones negativas y destructivas.

Una forma de perdonar es sentir compasión. Ponernos en la posición de quien nos ha hecho daño intentando entender su motivación, sus razones, su miedo o su sufrimiento. No juzgar a los que nos han dañado, sino intentar verlos desde una visión distinta, de forma compasiva. Por lo general, descubriremos que son personas vulnerables, con grandes heridas, carencias y miedos. Al perdonar nos libraremos del dominio que ejercen sobre nosotros mediante el odio que seguimos sintiendo. Por eso, el perdón libera nuestra memoria y permite vivir en el presente, superando el ayer doloroso.

Sin embargo en ocasiones la ofensa, el dolor o el daño son tan enormes que no sabemos, o no tenemos fuerzas para perdonar. La razón está en que sufrimos un dolor muy intenso. En esos casos debemos saber que el dolor, como todo en la vida, tiene un proceso. El dolor debe remitir y lo hará con el tiempo. Lo que es contraproducente para nuestra felicidad, es seguir recreándose en lo ocurrido trayéndolo a nuestra memoria, una vez que el dolor va perdiendo intensidad. Si recordar es volver a vivir, perdonar es olvidar para no sufrir.

Alguien comparó guardar las ofensas y no perdonarlas con meter patatas en una mochila y cargar con ella todos los días y a todas partes. Cuantas más patatas-ofensas guardemos en nuestra mochila emocional, más pesada será su carga. Con el paso del tiempo esas patatas se van deteriorando y además de tener que acarrear su peso, deberemos soportar el hediondo olor de su podredumbre. Actuar y vivir así, es arrastrar un peso emocional insoportable. Todos cargamos con esa mochila, aunque debemos aprender a vaciarla de vez en cuando porque somos nosotros quienes soportamos su carga. Por tanto, el perdón, no es un regalo para el otro. La realidad es que los más beneficiados por el perdón son los que lo dan.

Perdonar es la poderosa afirmación de que las cosas malas no arruinarán nuestro presente, aun cuando hayan arruinado nuestro pasado. Responsabilizar a las personas por sus acciones no es lo mismo que culparlas por nuestros sentimientos. Estos, son sólo cosa nuestra.

El perdón, en definitiva, es una expresión de amor y la consecuencia final de la bondad.

Y para acabar una frase de Mark Twain:
«Perdonar es la fragancia que la violeta deja ir, cuando se levanta el zapato que la aplastó».